Rescate de Chipre mostró la profundidad de la crisis en la eurozona

hugo15-04-2013.- Por Hugo Fazio, economista. El trimestre finalizó con una nueva crisis en la eurozona, que se enfrentó con un quinto rescate acordado por la cada vez más cuestionada troika (Comisión Europea, FMI y Banco Central Europeo). Esta vez de Chipre. Todo indica que no será la última. Se sostiene que la próxima víctima sería Eslovaquia. El desarrollo de los acontecimientos mostraron una profusión de errores de Bruselas. Primero al acordar gravar depósitos inferiores a los 100.000 euros, cuando sus propias normativas garantizan su inviolabilidad. Decisión rechazada rotundamente por el parlamento chipriota. Después al sostener el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, que el esquema usado en Chipre podría emplearse en otros países, lo cual conduce a estimular la inestabilidad mientras no se generen mecanismos que conduzcan a una regulación bancaria. La sucesión de situaciones críticas tiene como telón de fondo las políticas de austeridad fiscal que mantienen a la región en recesión y un sistema monetario lleno de vacíos y diseñado al margen de políticas fiscales comunitarias decididas con participación ciudadana.

El quinto rescate de la eurozona, el de Chipre, en vez de contribuir a mejorar el cuadro global condujo a una semana de terror y a generar nuevas fuentes de incertidumbre. La historia comenzó a escribirse con un error garrafal del Eurogrupo y el gobierno de Nicosia al pasar a llevar sus propios acuerdos y “dispararse a los pies”, al decir de Pedro Videla, director del Departamento de Economía del IESE Business School de la Universidad de Navarra, al establecer un impuesto a los depósitos superiores a 100.000 euros en los bancos chipriotas de 9,9% y de 6,75% a los menores de esa cantidad –que contaban con garantías de la propia eurozona- con el propósito de reunir 5.800 millones de euros a utilizar en el rescate para unirse a un financiamiento de 10.000 millones de euros decidido por Bruselas.

Una decisión tan errada constituyó para las autoridades de Nicosia, como señaló el economista principal de Financial Times Martin Wolf, “un esfuerzo desesperado por preservar su modelo de banca offshore (…). Como era de esperar –añadió-, esta idea no cayó bien ni en Chipre ni en el resto de la eurozona” (27/03/13). ¿Por qué, entonces, se adoptó? Gravar recursos en poder del desproporcionado sistema bancario chipriota ya estaba decidido antes de la noche del 22 de marzo cuando se reunieron en Bruselas los ministros de Finanzas de la eurozona, con la activa participación del FMI, representada por su directora gerente, Christine Lagarde, y el Banco Central Europeo por Jörg Asmussen, miembro de su consejo y exasesor de Angela Merkel, ya que Mario Draghi en ese momento se hizo a un lado, expresando así en los hechos sus diferencias con las decisiones a adoptar impulsadas, ante todo, por el FMI y Alemania.

“Muchos insisten – comentó Martin Wolf- en que cualquier impuesto sobre los depósitos es un robo. Esto no tiene sentido. Los bancos –argumentó- no son bóvedas. Es inconcebible que la banca, un negocio financiero de toma de riesgos, pueda operar sin la exposición a pérdida de, por lo menos, algunas clases de prestamistas. La cuestión, entonces, no es sobre el principio de que los prestamistas puedan sufrir pérdidas, sino sobre cuáles de ellos deberían y en que medidas. Sin rescate ni protección plena de los depósitos de menos de 100.000 euros, el impuesto al resto subiría mucho más. ¡Injusto! No” (20/03/13).

La economía chipriota es pequeña. En consecuencia enfrentar su problemática podría haber sido un hecho de impacto global menor. Dentro de la eurozona equivale apenas a un 0,2% del producto regional. Su PIB anual es de 18.000 millones de euros. Pero, su sistema bancario fuertemente concentrado, poseía depósitos gigantescos para la magnitud de su economía; equivalentes a cuatro veces el producto. Sin duda que existía una gran cantidad de recursos especulativos, en un alto porcentaje de origen ruso. Pero, no solo de esa nacionalidad. Eran atraídos por los altos intereses que se le cancelaban, hasta un 10% a los fondos de origen extranjeros y tributos bajos, fenómenos muy similares a los que condujeron a la crisis de Islandia.

Antes de que estallase la crisis las cifras hablaban de depósitos ascendentes a 72.000 millones de euros, cuatro veces el PIB. De ellos, un 40% pertenecían a extranjeros, ante todo rusos, y aproximadamente un 30% estaban en cuentas que superaban el medio millón de euros. La prensa chipriota informó que antes de imponerse el corralito se produjo una gran fuga de fondos, tanto de extranjeros como de nacionales.

¿Qué hizo posible este gigantesco monstruo bancario, cuyo desarrollo viene desde antes de la incorporación de Chipre a la eurozona en 2008? “Porque el país –resumió Paul Krugman- es un paraíso fiscal en el que las corporaciones y los extranjeros acaudalados ponen su dinero a buen recaudo. Oficialmente, el 37% de los depósitos en los bancos chipriotas –añadió- proceden de no residentes; la cifra verdadera una vez que se contabiliza a los expatriados ricos y a las personas que son residentes de Chipre solo de nombre, seguramente es mucho más elevada. Básicamente, Chipre es un lugar –recalcó- en el que la gente, sobre todo, pero no solo, los rusos, oculta su riqueza tanto a los recaudadores de impuestos como a los reguladores. Independientemente del lustre que queramos darle, es básicamente una cuestión de blanqueo de dinero sobre el papel (…). Chipre se convirtió en un enorme inversor en Rusia, mucho mayor que Alemania, cuya economía es ciento de veces mayor” (24/03/13). El porcentaje de Chipre en la inversión extranjera en Rusia es de un 21,2% del total, US$76.700 millones.

El crecimiento sin control del sistema bancario chipriota presenta similitudes con los de Islandia e Irlanda, con el agregado de constituir un lugar privilegiado de blanqueo de dinero. Los bancos islandeses en su momento de mayor expansión contaron con activos que equivalían al 980% de su producto, en Irlanda llegó a 440%. Islandia enfrentó la crisis en mejores condiciones al contar con su propia moneda y luego porque se estableció que los bancos no pagasen sus compromisos con el exterior.

En un paraíso fiscal siempre existen poderosos capitales especulativos. Los sectores más recalcitrantes detrás de la resolución sostuvieron que sus contribuyentes no pueden financiar a la ”mafia rusa”. En el trasfondo están las próximas elecciones alemanas, que incide poderosamente en el manejo y la falta de manejo en que se debate la eurozona. En la actual coyuntura Angela Merkel y el Bundesbank actúan en la misma dirección, a diferencia del pasado reciente. Eso es algo nuevo. El banco central germano se ha pronunciado constantemente por las posiciones más ortodoxas.

Cuando el presidente chipriota, Nikos Anastasiadis, designado en el cargo solo tres semanas antes, ingresó a la reunión ministerial del 22 de marzo se encontró ante una decisión ya acordada de gravar los depósitos. Como pasó a ser en la eurozona usual los acuerdos más trascendentes se resuelven en un círculo cerrado. Intentando salvar el deformado sistema bancario existente en la isla y a los grandes intereses presentes en él Anastasiadis se pronunció porque se gravase a todos los depositantes. La reunión hizo suyo esta idea, aprobando que se afectase a los que tenían más de cien mil euros en depósitos como a los que se encontraban por debajo de ese monto. El Eurogrupo dejó de lado así sus propias resoluciones. La garantía hasta los cien mil euros es un acuerdo comunitario al que se llegó para evitar la fuga de capitales, los llamados “vuelos hacia la seguridad”. La decisión fue adoptada el 7 de octubre de 2008, al iniciarse la crisis financiera global, estableciendo primero una garantía a los depósitos de hasta 50.000 euros, elevándolo el 11 de marzo de 2009 a 100.000 euros. Durante 2010 los diferentes miembros de la eurozona lo incorporaron a sus respectivas legislaciones. La decisión fue adoptada, por tanto, colectivamente. Sin embargo, cuando los ministros de Finanzas decidieron violar esta disposición en Chipre ninguno de los países miembros expresó su desaprobación.

Se aseguró que el gravamen a los depósitos era una medida excepcional debido a las particularidades de la isla. En 2011, cuando se impuso el recorte en las acreencias privadas a Atenas, también se presentó como una medida excepcional. Esta decisión fue un golpe muy fuerte para los bancos chipriotas. Con la reestructuración de la deuda helénica “los bancos chipriotas perdieron 50.200 millones de euros”, calcula Andreas Parasjos, director del semanario Kathimeriai (01/04/13). Por esto, Nicosia a mediados de 2012 solicitó a Bruselas el rescate, en un año que su economía se contrajo un 2,3%.

La propuesta presentada al parlamento tratando inútilmente de hacerla más presentable se efectuó liberando del gravamen a quienes tenían ahorros inferiores a 20.000 euros. Sin embargo, el rechazo fue abrumador, nadie sufragó a favor de establecer los impuestos, incluso los parlamentarios del gobernante partido de derecha se abstuvieron. Los 36 restantes votaron en contra. El discurso de Anastasiadis fue plantear la disyuntiva entre aprobar lo acordado en Bruselas o el desastre. Las críticas de la oposición a la propuesta fueron generalizadas. El presidente del Parlamento, el socialdemócrata Yiannakis Omiron las calificó de “atraco a la propiedad privada, contra toda noción de derecho”. Rechazando que Chipre vuelva a ser “un país de soberanía limitada, un Estado neocolonial” (20/03/13).

La no aprobación fue un acontecimiento sin precedentes desde el inicio de la crisis regional. Siempre Bruselas en los parlamentos había logrado imponer sus condiciones con el respaldo obviamente de fuerzas interiores, aunque ellas constituían cargas extraordinariamente gravosas a la población. El curso de los acontecimientos “es la constatación –comentó en ese momento Paul De Grawe – de que el euro está en manos de aficionados que apenas entienden lo que significa una unión monetaria. Es un desastre. Por que además la decisión está contaminada por ese calvinismo que presume de virtud en el Norte, sobre todo en Alemania, y quiere un castigo ejemplar para el sur corrompido. Y así no se puede gestionar crisis” (24/03/13).

La semana siguiente al rechazo por el parlamento transcurrió sin que se concordasen alternativas. El Eurogrupo insistió en su posición, traspasándole a Nicosia proponer un plan dentro de esos parámetros. “El Eurogrupo –señaló en un comunicado- está dispuesto a dialogar con las autoridades chipriotas un nuevo proyecto de propuesta, que se espera que las autoridades de Chipre presenten lo más rápidamente posible. Después de la celebración de dichas negociaciones, las autoridades de Chipre deberán comenzar a legislar los elemento de tal acuerdo” (23/03/13). Fue una exigencia perentoria que se actuase de acuerdo a lo sancionado por Bruselas. Simultáneamente, el BCE presionaba por el acuerdo, amenazando que de no suscribirse le llevaría a cortar todas las líneas de liquidez a los bancos chipriotas. Lo único nuevo, después del incalificable error cometido, fue reconocer que no se podían gravar los depósitos inferiores a 100.000 euros.

“No hay muchas alternativas –recalcó el presidente del Eurogrupo- (…) además de aplicar un gravamen más progresivo a los depósitos cuyos propietarios no son ahorradores, sino mayoritariamente inversores” (22/03/13). Ello conducía a gravar los recursos de origen ruso. “Antes –declaró Andréi Klepach, viceministro de Desarrollo Económico de Rusia- el capital evadido iba rumbo a Chipre, ahora irá en dirección a algún otro sitio. Otra cosa es que a través de Chipre venían las inversiones a Rusia, las cuales tomarán otra ruta “(22/03/13). Los flujos de fondos rusos principalmente hacia y también desde Chipre no fue un hecho nuevo, se produjo desde antes del ingreso del país a la UE, el año 2004, y de la adopción del euro en 2008.